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Este es mi primer artículo

Los inicios de la Guerra Civil en Cantabria

 

18 de Julio de 1936; la Guerra Civil estalla en Cantabria, los sucesos acontecidos durante la Segunda República dieron lugar a un ambiente “explosivo” que contó con un detonador perfecto: la sublevación

 

La Guerra Civil en Cantabria cuenta con unas características bien definidas y similares a las del resto de España.

Encontramos una fuerte politización de los núcleos muy vinculados al desarrollo industrial de la región. Así pueblos como Reinosa que tenían un fuerte componente industrial agrupaban un crisol  de formaciones políticas entre las que predominaban las de carácter izquierdista. Estas formaciones tenían sus núcleos fuertes en lugares fuertemente poblados.

Por otro lado, la derecha contaba con el apoyo del medio rural; el pequeño y mediano ayuntamiento eran sus núcleos fuertes. Esto se debía a que las redes de poder caciquiles alcanzaban en los núcleos rurales sus mayores cuotas de efectividad. Podemos observar como antes de 1932 “controlaban” 83 de los 102 municipios cántabros.

Por lo tanto, los grupos de izquierdas se movían en entornos fuertemente poblados y con un carácter industrial mientras que los grupos de derechas poseían mayores apoyos en los núcleos rurales con un pequeño y mediano ayuntamiento.

 

Presentación del espectro político cántabro.

 

Dentro del espectro político cántabro las opciones eran muy variadas cubriendo grupos que iban desde la derecha más radical a la izquierda más tajante.

Dentro de los grupos políticos vinculados a la derecha localizamos varios partidos que se encontraban desde los partidos más extremistas hasta los más moderados. Entre ellos las formaciones más fuertes eran la Asociación Regional Independiente y Acción Popular.

La ARI se encargaba de la defensa de los intereses de las clases altas. Tenía un fuerte carácter caciquil. Sus puntos fuertes se situaban en los pueblos pequeños y medianos. Realizaba una fuerte defensa de la monarquía.

Por su parte Acción Popular era un partido surgido del seno de la CEDA. Tenía un fuerte apoyo de las clases medias, burgueses y parte del campesinado. Contaba con un pequeño apoyo de la clase trabajadora, aunque este era minoritario.

De otro lado encontramos otras formaciones de extrema derecha que contaban con un menor apoyo en los inicios de la Segunda Republica. Tenían una fuerte implantación en los núcleos urbanos de la costa y de la zona trasmerana y un marcado carácter violento. Dentro de este grupo encontramos a las FE-JONS. Este partido contaba en 1931 con una implantación muy limitada pero con un marcado componente miliciano. Hasta 1936 se fueron haciendo más fuertes contando con simpatías de grupos estatales como la Guardia Civil y los militares. A este crecimiento contribuyó Manuel Hedilla, nombrado como jefe provincial en 1935. Reorganizó todo el partido tomando como referencia las ideas del Jefe Nacional. A pesar de todo era una formación con una escasa presencia que tuvo que esperar a que la derrota de la derecha en 1936 creara una ambiente propicio para su desarrollo y ascenso.

En el lado contrario del espectro político encontramos los grupos de izquierdas.

Existían en Cantabria gran cantidad de formaciones de marcado carácter izquierdista; desde el Partido Comunista hasta la Unión Republicana pasando por la Izquierda Republicana, el PSOE, etc.

Dentro de todos ellos el PSOE era el más fuerte, que evolucionó desde un movimiento localizado en Santander a ser uno de los partidos más fuertes dentro del panorama regional. Contaba además con una sección juvenil como eran las Juventudes Socialistas. Con el tiempo se fue implantando cada vez de forma más fuerte en zonas rurales. Los núcleos donde contaba con un mayor apoyo eran Torrelavega, Camargo, Corrales, Reinosa, Astillero y Castro Urdiales. Tuvo una fuerte caída de apoyos en 1934 a raíz de la Revolución de Octubre aunque no tardó en recuperarse.

Existían partidos con un corte republicano más fuerte, formaciones como Izquierda Republicana, el Partido Nacional Republicano y el Partido Radical Socialista; pero estos grupos eran débiles y contaban con una organización muy precaria.

Uno de los partidos que se hizo fuerte con el estallido de la guerra fue el Partido Comunista. Antes de la misma contaba con una implantación social muy escasa y un número muy reducido de afiliados. Con el estallido de la guerra su fuerza creció hasta hacerse uno de los partidos fuertes dentro del Frente popular. Tenía una fuerte implantación en Reinosa, Santander, Torrelavega y núcleos poblacionales cercanos.

Frente a la cuota de poder que estaban alcanzando los partidos de derechas las izquierdas tomaron la decisión de unirse para plantearles una oposición más sólida.

 

 

LAS ELECCIONES DE 1936

 

Las elecciones celebradas en 1936 tuvieron a dos bloques enfrentados como protagonistas; por un lado un bloque formado los partidos de derechas que no fueron capaces de presentar una sola lista electoral frente al bloque izquierdista que si llegó a un punto de entendimiento entre los partidos, haciendo una lista conjunta.

Los grupos de la derecha cántabra tenían dos partidos de un peso importante; Acción Popular y Agrupación Regional Independiente. Ambas formaciones prefirieron no dar puestos en las listas electorales a formaciones menores ya que consideraban que podrían obtenerlos fácilmente en las elecciones. Por ello la unión con estos partidos no se tuvo en cuenta.

Los problemas entre las formaciones de derecha más grandes se dieron en el reparto de puestos en el gobierno. Las ideas de los populares se impusieron haciéndose con tres puestos y quedó conformada entonces la llamada Candidatura Contrarrevolucionaria.

Por otra parte tanto carlistas como falangistas formaron candidaturas independientes.

Si bien la derecha no se unió frente a las elecciones por problemas de reparto de puestos, la izquierda si que alcanzó puntos de acuerdo pese a que en el pasado no se unió.

Los partidos de izquierda habían obtenido muy malos resultados en las elecciones de 1933 en las que no se unieron formando una candidatura única. Pero dados los problemas tras la Revolución de Octubre de 1934 plantearon la posibilidad de formar una candidatura única. Pese a formar una candidatura única el grupo socialista tenía un peso mayor que el de otras formaciones debido a que era este el que gozaba de una mayor cantidad de votantes.

Tanto el partido socialista como el comunista habían tenido contactos antes de formar una candidatura conjunta para las elecciones del 36. La candidatura conjunta quedó formada el 17 de Enero de 1936 uniéndose a la misma varios grupos de menor “talla” en el bloque.

Como sucedió con los partidos de la derecha las primeras discusiones en el seno de la formación recién creada fueron los puestos que los candidatos ocuparían en las listas electorales. Finalmente el partido socialista ocupaba tres de los puestos quedando dos disponibles para el resto de grupos republicanos.

El 16 de Febrero del 36 se produjeron las votaciones de las que resultó vencedora la candidatura Contrarrevolucionaria. Este hecho no mostró sino la división de facto de Cantabria en dos zonas; por una parte se encontraban las comarcas más desarrolladas económicamente que dieron su apoyo a la izquierda, por otra los núcleos de población más pequeños cedieron su apoyo a los grupos derechistas. Las áreas más urbanizadas, los grandes núcleos de población y las áreas mineras e industriales dieron su apoyo a la candidatura frentepopulista. Las zonas de Santander, el corredor del Besaya, la zona sureste de la bahía,  Reinosa y sus alrededores y algunas villas costeras como Castro Urdiales. Las zonas restantes dieron su apoyo a las candidaturas derechistas.

Por tanto se polarizaban los ámbitos de influencia de las candidaturas; mientras que la izquierda obtenía el apoyo de las masas proletarias, los partidos de derecha obtenían los apoyos de las clases burguesas. Este hecho daba como resultado el ascenso de los votos obtenidos por el Frente Popular, sin embargo sus zonas de influencia seguían siendo las mismas, por que se limitaban a las zonas donde calaba el discurso de la izquierda mientras que en las zonas rurales el discurso se diluía perdiendo eficacia.

Los resultados de los comicios indicaban que la polarización política de Cantabria había crecido pues los dos partidos mayoritarios eran quienes habían obtenido la gran mayoría de los votos. Se había producido una fractura clara en el tejido social de la región.

Esta polarización no hizo sino acrecentarse con la violencia y la radicalización política que se obtuvo tras la victoria frentepopulista. Uno de los partidos que obtuvo un rédito importante de estos hechos fue la Falange, debido al trasvase de votos de los demás partidos derechistas. Esta fue obteniendo apoyos a medida que se cumplían los puntos del programa frentepopulista.

Los grupos de izquierdas fueron ocupando los puestos obtenidos en las elecciones sustituyendo a los partidos de derechas que tenían una posición hegemónica en esas zonas. A la postre estas nuevas zonas de influencia fueron las que determinaron el fracaso del golpe de estado en la región. Además es importante destacar que en Cantabria el Frente Popular no se deshizo tras los comicios.

La radicalización política y la fractura del tejido social hizo que grupos como la CNT, el Partido Comunista y Falange Española de las JONS, que habían sido minoritarios en sus apoyos, crecieran de forma significativa en cuanto a su número de afiliados.

La unión de las juventudes socialistas con las comunistas dio como resultado la consolidación del partido comunista en Cantabria. Además este grupo fue contando hasta el inicio de la Guerra Civil con la inclusión en su seno de los Grupos de Pioneros Rojos, la consolidándose en puestos importantes dentro de grupos como la UGT. El crecimiento de este grupo no hizo sino oponerse al ideario anarquista.

Otro grupo que alcanzó hasta el golpe de estado un notable crecimiento fue el anarquismo. Pese a verse circunscrito a las áreas de la capital en los inicios del movimiento fue creciendo hasta superar los límites territoriales tan marcados con los que contaban. Uno de los problemas con los que contaba el movimiento era la inexistencia de un partido, pues solo contaba con la existencia de la CNT en la figura de sindicato. Además las aportaciones del anarquismo cántabro al panorama nacional fueron menores.

El último de los grupos que sufrió un fuerte ascenso en los apoyos hasta  el estallido de la guerra fue el Falangismo. Este siguió los preceptos que se había marcado la organización central; el uso de la violencia como apéndice de la política y la búsqueda del enfrentamiento con los grupos de izquierda que tuvieron un papel secundario en este sentido, pues la mayoría de las victimas las sufrieron en sus filas. Hasta la entrada de Franco en Santander este grupo no salió de la clandestinidad en la que operaba. Uno de los problemas fundamentales que aquejaba este partido es que la facción cántabra de la Falange contaba con una desconexión entre los miembros del partido y sus dirigentes. La escalada de violencia de la que hizo gala la Falange hizo que tanto los grupos de izquierdas como el Gobierno intentase frenarles. Asesinatos sonados como los de Malumbres finalmente fueron los que redoblaron los esfuerzos de la policía por acabar con la esta forma de actuación.

Incluso llegaron a tener un plan para asesinar al gobernador civil, aunque finalmente muchos de sus cuadros de mandos acabaron en la cárcel. Esta organización se encontraba desconectada de los grupos golpistas a pesar de ser una de las que más ayudó en la victoria del golpe de estado. La organización no contaba con cuadros de mando claros o con contactos con los militares santanderinos. 

 

EL GOLPE DE ESTADO EN CANTABRIA.

 

Los golpistas creían tan fácil la fidelización de Cantabria a la insurrección, que permitieron que el golpe estuviera mal ejecutado e insuficientemente planificado. Como en el resto de España hubo muchos conspiradores que se contaban entre el ejército y los civiles.

Existían diferentes tramas golpistas; tantas como planes habían ideado los golpistas. Una de las más importantes contaba con el apoyo de los militares apostados en Santoña, así como en el ejército que se encontraba en los cuarteles de Santander. Sin embargo no encontramos uniones sólidas entre las facciones rebeldes en la región.

Si bien los oficiales llevaban un estricto silencio acerca del golpe de estado estaba claro en que la República escuchaba “ruido de sables”. Contaban con vagas informaciones de los preparativos que se estaban realizando.

Los planes de rebelión no tenían conexión alguna entre ellos y el éxito o el fracaso de los mismos pasaban por el apoyo o el rechazo de los militares. 

Si se consideraba a Cantabria como una de las regiones más proclives a apoyar el golpe no era en vano. Los insurrectos creían en los resultados electorales de la derecha, en la fragilidad de los grupos de izquierdas y en la creencia en que el ejército y la policía les ayudarían; debido a que el coronel que dirigía al ejército de Cantabria no era sino derechista confeso.

Las actitudes dentro de la soldadesca quedaban repartidas, pues las simpatías se contaban más hacia la izquierda cuanto más se bajaba en el escalafón militar. Por otra parte encontramos excepciones de apoyo al gobierno constitucional entre los militares de alta graduación.

A pesar de que los militares golpistas vieran a Cantabria como una plaza segura que se mantendría fiel a la insurrección, incurrieron en un error de concepto pues la geografía política de la región había cambiado a pesar del triunfo de los Contrarrevolucionarios. Creían en  la región como una de las más conservadoras, sin embargo la provincia en el 36 estaba en un proceso de cambio que anuló esa creencia.

Los hechos quedaron patentes en el momento en que se produjo la insurrección, pues los planes no tuvieron el desarrollo previsto. El 17 de Julio se inicia el golpe de estado pero los conspiradores pierden un tiempo muy valioso por la ruptura de las comunicaciones entre Valladolid y Burgos, de donde procedían las órdenes de los líderes de la revuelta. Este tiempo tan importante fue aprovechado por los partidarios del gobierno legítimo para organizarse armando a sus juventudes, manteniendo contactos con el gobierno de Madrid y organizando la defensa de la República.

En Santoña son detenidos los conspiradores, y en la capital el Teniente-Coronel García-Agüelles no se decidió a intervenir a falta de órdenes de Burgos, quizá debido en parte al miedo a una nueva “Sanjurjada”. No hizo caso de los grupos rebeldes y cuando quiso sublevarse ya era demasiado tarde para ello.

Por su parte los fieles al gobierno legítimo republicano formaron comités de defensa de la República alentados por los poderes políticos, sindicales y públicos. Entre las medidas más importantes para frenar la insurrección en Cantabria se contaba con el envío de emisarios a los principales puntos de la región para informar a las corporaciones a fin de que fueran estas quienes tomasen las medidas oportunas. Fueron estas medidas controladas por el gobierno republicano las que ayudaron a decantar la balanza de un lado y no del otro. Se aprovechó ese tiempo para requisar armas a los partidarios de los insurrectos, la detención de los golpistas y de quienes los ayudaban, la protección de los nudos de comunicaciones así como de la protección y vigilancia de los edificios importantes. Además de ello se encargaron de reclutar soldados para la inminente guerra y la organización de los aspectos logísticos de la misma.

La sensación de unidad que dieron los partidos de izquierdas creando un frente común ante los sucesos adversos y tranquilizando a la población civil garantizando el apoyo al gobierno republicano, no pudo ser igualada por los sublevados.

Por tanto los primeros pasos de la insurrección en Cantabria fueron muy dubitativos en la derecha pero muy firmes en la izquierda.

 

Como conclusión podemos afirmar que el complejo y cambiante mapa político cántabro fue decisivo en los sucesos acontecidos a partir del 18 de Julio. Las izquierdas supieron cambiar las inercias políticas con las que contaban los sublevados de apoyo a la derecha.

Los núcleos poblacionales de mayor tamaño en cuanto a potencial industrial y humano se mantuvieron fieles de parte del gobierno republicano debido a que el ascenso de los grupos de izquierda era manifiesto. A pesar de que la derecha contaba con una mayor cantidad de representantes políticos en el gobierno, si se tenia en cuenta el número de votos y la “importancia ponderada” de los núcleos poblacionales con los que contaba la republica vemos como esta contaba con más fuerza que los sublevados.

Por último, la mala planificación de los insurrectos en la región no hizo sino derribar un movimiento que no había encontrado cabida debido sobretodo  a la rapidez con que los grupos de izquierda habían neutralizado el poder de convocatoria del golpe de estado.

 

Bibliografia utilizada

 

Gutierrez Florez, J. Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla. Libros en red. 2006

 

Solla Gutierrez, M.A. Los inicios de la Guerra Civil en Cantabria: de las elecciones del Frente Popular a la constitución de la junat de defensa. Febrero-Septiembre de 1936. Universidad de Cantabria. Tesina. 2003.

 

Solla Gutierrez, M.A. La sublevación frustrada: Los inicios de la Guerra Civil en Cantabria. Universidad de Cantabria. 2006.

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